Mirna

Mirna es una mujer salvadoreña-estadounidense de 64 años que nació en la República de El Salvador y ahora vive en Pico-Union, Los Ángeles. Su hijo comenzó a consumir sustancias a la temprana edad de 15 años. En esta entrevista, relata la lucha de su hijo, así como sus propias opiniones sobre el consumo de sustancias, la accesibilidad y la concienciación en lo que respecta a los servicios de recuperación. En la actualidad, Mirna, líder sénior del equipo de prevención de KYCC, aboga por un cambio en la forma en que la sociedad ve a quienes luchan contra el consumo de sustancias, promoviendo una mayor compasión y una responsabilidad colectiva para proteger y guiar a los jóvenes locales.

Beyond Our Own

 Entrevista por Anderson Pastor, Bisma Kashif, y Esmeralda Tay



Me gustaría empezar primero con su nombre, edad y dónde nació.

Mi nombre es Mirna Araceli Aguilar; nací el 10 de febrero de 1961, en la República de El Salvador.

¿Cómo se identifica? ¿Cuál es su género y raza?

Soy mujer e hispana.

¿Dónde se ubica su ciudad natal? ¿Dónde creció?

Nací en la República de El Salvador, pero crecí en un departamento que se llama Santa Ana, El Salvador.

¿Tiene algún pasatiempo? Sí, ¿cuál es?

Tengo varios. Me encanta leer y correr con los niños de Students Run Los Angeles (SRLA).

Me gustaría hablar un poquito sobre su familia. ¿Tiene pareja?

Tengo a mi esposo. Hemos estado casados por más de 34 años.

¿Cuántos hijos tiene? ¿Tienen mascota?

Cuatro. Sí, tenemos cuatro mascotas. Dos perritos, Pepper y Bella; un gatito que se llama Michi, y una cacatúa llamada Rosco.

¿Usted tuvo algún modelo o ídolo en su infancia?

Sí, irónicamente mi abuelito era alcohólico, pero fue a quien más amé de niña porque era el único que me proporcionaba amor. A pesar de su alcoholismo, siempre fue muy amoroso conmigo.

¿Usted tenía algún sueño de niña o inspiración de qué quería cuando fuera adulta?

Sí, quería estudiar alta costura; diseño en alta costura.

¿Cómo describiría su infancia?

Triste.

¿Tiene algún recuerdo favorito de su infancia?

Creo que muy pocos.

Después de una semana difícil, sintiéndose cansada, ¿qué hace usted para alivianarse, o mejor, sentirse relajada?

Voy a caminar; hago hiking. Es lo que más me gusta, además de ir a la playa.


Como sabe, a través de este proyecto estamos entrevistando a personas con experiencia en el uso de sustancias que han pasado por el proceso de recuperación, a parientes que han tenido estas experiencias y a profesionales en el campo de la recuperación para aprender de sus experiencias. Le agradecemos su valentía al abordar un tema tan difícil. Nos gustaría comenzar esta ronda de preguntas hablando un poquito sobre su hijo.

Mi hijo se llama Abner. Nació en el año 1982. Es un niño muy cariñoso. Creció aquí en Los Ángeles. Siempre le hablé de las drogas. Yo siempre les hablaba de no tener contacto con ellas. Incluso él estuvo en el programa que se llamaba Di no a las drogas. No recuerdo cómo se llamaba ese programa; creo que ya no existe. Yo no sabía, pero él después me confesó que a los 15 años él empezó [a tomarlas] en la escuela.

¿Cómo fue la infancia de su hijo?

Creo que fue un poco atropellada porque cuando nosotros vinimos para acá, su papá se había venido muchos años antes. Cuando nosotros llegamos, vivía una vida de alcoholismo y adicción a las drogas. Él quería usar violencia doméstica contra nosotros. El tiempo que vivimos con él, que fue como cuatro años, fueron cuatro años muy malos.

¿Usted tiene algún recuerdo favorito con su hijo?

Muchos. Comíamos juntos; le gusta la comida que yo hago. Salíamos juntos, comprábamos juntos, hacíamos actividades juntos; todo lo hacíamos juntos.

Antes de que él confesara que estaba usando sustancias, ¿usted notó que su hijo ya lo estaba usando? ¿Lo sospechaba?

Sí, había muchos cambios en él. Se cambió de ser un niño dulce a un muchacho triste o enojón y se alejaba de nosotros.

¿Cree que hubo algún momento o experiencia de la vida de su hijo que lo llevó a usar sustancias?

Probablemente sí. Aunque creo que no es la regla; no todos tomamos el mismo camino solo porque hayamos sufrido. Creo que es una decisión personal. Pienso que la influencia y el entorno en el que vives influyen para que sigas esos pasos

¿Usted sabe qué tipo de drogas usó su hijo?

Que yo sepa, él empezó con marihuana. Pero decía que la marihuana solamente era el trampolín para las otras drogas. Hasta donde sé, usó metanfetaminas, pero no sé qué más.

Cuando recibió ayuda su hijo, ¿la pidió de manera voluntaria o entendía que tenía un problema?

No, él casi siempre defendía su adicción. Siempre me decía que él tenía todo bajo control; que él no iba a llegar abajo.

¿Qué tipo de tratamientos o servicios recibió su hijo?

Él estuvo en Narcóticos Anónimos.

¿Cómo fue la experiencia de su hijo con el tratamiento?

Al principio no funcionaba; costó mucho. Él anduvo mucho tiempo en la calle y tuvo muchos problemas en la calle.

Cuando usted estaba pasando por ese momento tan difícil, ¿alguien más notó que su hijo tenía ese problema o trató de ayudarlo?

Todos los miembros de la familia lo notamos, incluyendo a mi hijo, que es menor que él. Cuando las personas empiezan a usar drogas, creo que no tienen conciencia y no les importa lo que les digan, ni el sufrimiento que puedan causar a los demás.

¿Cómo reaccionó su familia ante la noticia de que su hijo empezó a usar sustancias?

La mayoría se quedó callada, pero mi hijo estaba enojado con su hermano menor.

¿Alguien le ofreció ayuda en ese momento difícil?

Tengo un amigo, que he conocido por muchos años. Creo que así para poder hablar, para poder contar mis problemas, creo que él ha sido siempre mi apoyo en ese aspecto.

¿Alguien más trató de ayudar a su hijo?

Muchas personas.

¿Cómo recibió esa ayuda su hijo?

Nosotros se la buscamos porque, como yo estaba en un programa de 12 pasos que se llama Emocionales Anónimos, ahí me orientaron sobre cómo buscar ayuda para él. Recorrí muchísimos lugares; fui a ‘Madres de Hijos Adictos' y a varias instituciones más buscando apoyo.

Cuando usted le ofrecía esta ayuda, ¿la recibió de alguna manera mal?

Casi siempre la recibía mal; decía que no necesitaba ayuda y que tenía todo bajo control.

¿Cómo se sintió usted al ver a su hijo luchar con el uso de sustancias?

Eso es una pregunta bien difícil. Creo que nadie, excepto una madre que haya pasado por la misma situación, sabe el dolor que causa en una madre el ver a sus hijos destruyéndose la vida.

¿Hubo algo que le ayudó en ese momento difícil de afrontar que su hijo estaba usando sustancias?

Sí. Las cosas que me ayudaron fueron acercarme mucho a Dios, a mi iglesia y los programas de 12 pasos. Me ayudaron muchísimo.

¿Le afectó de alguna manera mentalmente o personalmente?

Yo creo que a toda la familia. Sí, afecta … afecta muchísimo.

Si pudieras compartir un mensaje con tu hijo, ¿qué sería?

Ahora, en este momento, quiero decirles que mi hijo está privado de libertad. No está con nosotros desde hace mucho tiempo. En este momento, el mensaje que le digo yo siempre, porque ahora que él está ahí, él se arrepiente de todo y él dice: ‘Si solo uno de los consejos que usted me dio hubiera agarrado, mi vida sería diferente’. Ahora en este momento lo que yo le digo es que tiene que ser fuerte y seguir adelante con lo que sea.

¿Qué opina sobre el estigma en términos del uso de sustancias?

Definitivamente, es una parte muy importante. Cuando no tienes valores de ninguna clase, eso tiene que ver con la autoestima. Cuando no tienes valores ni religiosos ni valores humanos, esa es una parte para que puedas caer en adicciones.

¿Cómo podemos, como sociedad, reducir el estigma y crear un ambiente interno más compasivo?

Yo pienso que (en KYCC) lo estamos logrando, porque nosotros tenemos en nuestro corazón que queremos ayudar a las personas, no importa si es una persona que nosotros podamos ayudar y no miramos a las personas como las miran las demás personas.

Cuando la gente ve a una persona adicta, la mira con malos ojos; si no es su hijo, no le importa que se destruya en la calle. A la sociedad no le importan las personas que usan drogas. Si se van a morir en la calle, dicen: ‘Okay, que se mueran’. Nosotros estamos trabajando para decirles a esas personas que son importantes y que pueden salir de ahí si buscan ayuda

¿Qué podemos hacer para crear conciencia?

Yo me involucré en estas asociaciones hace más de 12 años, en [otro] programa. La razón por la que me involucré fue porque hay muchos niños que, en el tiempo que yo llegué, salen de la escuela, llegan a sus casas y no hay nadie en la casa. Sí podemos como sociedad involucrarnos más y pensar que esos niños no son los niños solamente del vecino, que son responsabilidad de toda una sociedad en el tiempo que yo llegué, salen de la escuela y llegan a sus casas y están solos. Como sociedad, sí podemos involucrarnos más y pensar que esos niños no son solamente ‘los hijos del vecino’, sino que son responsabilidad de todos.

Que haya más programas después de la escuela para que los niños no estén solitos en su casa. Cuando lleguen a casa, que la televisión o los juegos no sean su niñera; que tengan alguien con quien platicar, contarle de sus dudas, de sus tristezas, si en la escuela sufrieron bullying o todas esas cosas. Poder estar como sociedad para cuidar a esos niños.

¿Crees que los servicios y opciones de tratamiento en su comunidad son accesibles para quienes necesitan apoyo?

Algunas veces. Hay varias organizaciones, no son muchas, pero como que nos falta hacer más alcance comunitario, que la gente sepa que estamos aquí para ayudar. Pero sobre todo, como si nosotros vamos a ver en [Los Ángeles], hay muy pocos centros de rehabilitación para personas que no tienen el dinero para pagarlos. Hay muy poquitos, no están aquí en nuestras áreas.

Tenemos que trabajar con las autoridades de nuestra ciudad para que creen más centros de rehabilitación para nuestros jóvenes. No solamente para rehabilitarlos, sino para integrarlos a la sociedad y poder decirles: ‘Te vas a recuperar y tenemos un lugar donde puedes trabajar’.

¿Qué falta en su comunidad en cuanto a la prevención de uso de sustancias?

Muchísimo, casi todo. Falta mucha atención, faltan muchos lugares adonde la gente sepa que hay ayuda, que pueden recurrir. No solamente las personas que están usando, porque muchas veces las personas que están haciendo uso de sustancias nocivas no ocupan ayuda, pero los familiares necesitan mucha ayuda para poderlos ayudar a ellos. Mucha gente viene de países donde en su familia nunca se usaron drogas, y no sabemos cómo actuar cuando un ser querido empieza a usarlas.

¿De qué otras maneras podríamos mejorar el acceso al tratamiento?

Hay muchísimas maneras de usar métodos de tratamiento, pero vuelvo a lo mismo, todo está envuelto en una cosa. Primero, que nos involucremos más como sociedad y nos preocupemos por las personas que están usando drogas, que estemos vigilantes en las escuelas con los niños porque las drogas no solo están en la calle. Los niños empiezan a hacer uso de las drogas cuando están en las escuelas.

Gracias a Dios, cuando mi hijo estaba estudiando en la escuela John Marshall, yo siempre me involucré en las escuelas de mis hijos. Me dieron la oportunidad de poder ayudar a los niños de habla hispana en el programa que se llama GEAR UP Los Ángeles. Yo ahí pude aprender que los niños en las bebidas como Gatorade, esas bebidas de colores, ellos le ponían alcohol y muchas mamás no sabemos. Los niños andan con su botellita de Gatorade con bebidas alcohólicas y las mamás no sabemos. Es mucha falta de información también.

¿Qué obstáculos enfrentaron usted o su familia al intentar ayudar a su hijo a buscar tratamiento?

El obstáculo más grande que enfrentamos fue la negación en la que él estaba; siempre decía que no, que estaba bien, que no necesitaba ayuda. Eso pasa en la mayoría de casos de personas que están usando drogas. Siempre piensan que tienen el control; ellos nunca piensan que van a llegar a donde llegan, porque todos llegan así, todos llegan a estar mal.

Es tan difícil que una persona haga contacto con las drogas y que se quede ahí y diga: “No. Así por poquito lo voy a usar”. Solamente empiezas, y hasta que terminas en cualquier lado. Yo siempre he dicho, en el hospital o en la cárcel o en una tumba.

¿Cómo impacta, siendo usted padre o madre, su perspectiva sobre el uso de sustancias y/o la recuperación?

Claro que sí, pero una de las cosas en las que yo quiero que todo el mundo esté claro es que antes de poder ayudar a otra persona, nos tenemos que ayudar nosotros. Yo no puedo ayudar a nadie si no tengo las herramientas para ayudar a nadie. Yo tengo que saber qué son las drogas, cómo las utilizan y tener la fuerza interior para poder ayudar a mis familiares.

Claro que sí, los padres somos las personas a la que probablemente nuestros hijos puedan escuchar en momentos de desesperación porque llegan esos momentos de desesperación. El estar ahí siempre. Nuestros hijos van a ser nuestros hijos siempre, no importa lo que sean. Así es un ingeniero, así es una persona que esté usando drogas; son nuestros hijos y tenemos que estar por ellos siempre.

¿Qué cree que hubiera ayudado a su hijo tener una mejor experiencia en su proceso de recuperación?

Yo pienso que el tener más oportunidades de recuperación, más programas. Por ejemplo, yo solo sabía de Alcohólicos Anónimos, Narcóticos Anónimos y Emocionales Anónimos. Esos eran los tres programas que yo sabía. No sabía que existía KYCC, no sabía que existían otras organizaciones que también ayudaban a personas con adicciones.

¿Cuándo se dio cuenta de que quería ayudar a su comunidad y crear conciencia sobre el uso de sustancias?

Ya pasaron más de 12 años. Recuerdo que empecé a ver cómo los niños caminaban de la escuela a su casa completamente solos; nadie los guiaba, ellos se iban por su cuenta. Pasan a las tienditas a comprarse un pedazo de pizza y una bebida; llegan a sus casas y no hay nadie. No hay comidita, no hay un vasito de jugo ... no hay nadie que les pregunte: ‘Hijo, ¿cómo te fue en la escuela? ¿Cómo estuvo tu día?’. Todas esas cosas, aunque no lo creamos, afectan muchísimo.

¿De qué programa forma parte en KYCC?

Yo estoy en el equipo de prevención; soy un [líder sénior]. He estado aquí por más de seis años, creo.

¿Qué rol desempeña en esta organización?

He pasado por todos los roles. Primero solamente entraba y escuchaba, y me fue gustando. Este programa lo llevaron a mi iglesia. Recuerdo cuando Daisy, Yancy, nos presentaron el programa de KYCC, porque querían iniciar el grupo que se llama Manos Unidas. Mi pastor me dijo: “Mira, vienen unas personas a hablarnos de un programa”. Entonces me dijo: “Quiero que estés presente porque me vas a ayudar a decidir si ellos se quedan aquí con nosotros o si no está bien para nuestra comunidad”.

Ellos presentaron lo que era el programa y todo lo que hacían, y a mí me encantó. Yo le dije: “No, pastor, nosotros necesitamos esto en nuestra iglesia”. Todavía sigue funcionando así.

¿Cómo influye su experiencia de vida en su trabajo?

¿En mi trabajo? Yo creo que mucho, porque yo no soy una persona que me gusten los cambios. Yo tengo viviendo en el mismo lugar 36 años. Yo tengo en mi mismo trabajo 32 años. No soy una persona que cambie mucho de lugar en lugar. Estuve trabajando ahí por esos años y hasta el día de ahora no he tenido ningún problema. Creo que soy una persona responsable. Eso me ha enseñado esto, a ser una persona responsable en la mayoría de áreas de mi vida. Soy un ser humano y muchas veces me equivoco, pero cuando me equivoco estoy dispuesta a reconocer que me equivoqué.

¿Qué mensaje inspirador le gustaría compartir con su comunidad sobre el uso de sustancias y la recuperación?

Lo primero que yo compartiría con las personas es que no miremos a un individuo que usa sustancias como si fuera algo indeseable, y que miremos a todos los niños como que son nuestra responsabilidad. Ayudarles a seguir adelante, estar presente cuando ellos lo necesiten. 

Cuando llegan amigos de mis nietos a la casa, siempre platico con ellos. Le pregunto: “¿Cómo estás? ¿Cómo está tu escuela? ¿Qué grado llevas?”. Si me dicen: “Oh, tengo una C”. “Oh, pero la puedes mejorar. Eso no importa. Porque saben que una cosa he aprendido, que los grados de ustedes no definen su futuro. Ustedes tienen el poder para subir esos grados, no importa qué”.

Gracias por compartir su historia. Ahora pasamos al final de la entrevista. ¿En qué momento de su vida se ha sentido más sola?

¿En qué momento de mi vida me he sentido más sola? Sí. El día que condenaron a mi hijo a muchos años. Ese día me sentí más sola. Sentí que hasta Dios me había abandonado.

¿Cómo le gustaría ser recordada?

Me encantaría ser recordada como una mujer que nunca se dio por vencida y que dio todo por mi comunidad.

¿Alguna palabra de sabiduría que le gustaría compartir con los que están teniendo dificultades?

Para mí es poner a Dios en primer lugar. La palabra que me define es: “Darse por vencido no está en mi diccionario”. Tenemos que tratar las veces que sea necesario. Si tienes que poner un clavo en la pared, tienes que buscar el lugar donde está la madera. Nunca digas: “No puedo hacerlo”. Intenta de muchas maneras. Cuando veas que no se puede, entonces dices: “No puedo”. Pero si no has intentado lo suficiente, síguelo intentando; va a funcionar.

¿Algo más que considere importante compartir?

Creo que lo que me gustaría compartir con todos los jóvenes, más que todo, es decirles que ellos son importantes. Que son personas que tienen el futuro por delante, que no echen a perder sus vidas. A tus amigos tú les puedes decir que no. El problema es cuando tú solo te invitas a usar un estupefaciente. Cuando tú digas: Ey, ¿qué tal si lo puedo probar? ¿Qué tal si sí? Ahí está el problema. Trata de no invitarte nunca a probar ninguna de esas sustancias, porque si caes en las manos de eso, tu futuro no está definido.

¿Tiene preguntas para nuestro equipo antes de concluir?

No, ninguna. Me encantó la entrevista. Me encantó la entrevista. Disculpen, pero aunque han pasado muchos años, el dolor siempre está ahí. Pero yo sí quiero ayudar; quiero que ningún niño, absolutamente ningún niño, tenga contacto con las drogas. A mis hijos me los llevo a todas las actividades; mañana, por ejemplo, uno de ellos va a exponer una pintura y yo presentaré un poema. Estoy poniendo mi mejor esfuerzo por mantenerlos alejados de las drogas, aunque entiendo que la decisión final será de ellos.