Victor Fuentes

Víctor es un hombre mexicano-estadounidense de 60 años que creció en Hidalgo, México, y ahora reside en Koreatown. En esta entrevista, reflexiona sobre momentos de su infancia con su papá y cómo ambos lucharon contra el alcoholismo. Destaca la importancia de mantenerse sobrio, sobre todo a una edad temprana, cuando muchos aún no comprenden las consecuencias del consumo de sustancias. Entre su papel en Manos Unidas con Esperanza por la Comunidad (MUEC) y los momentos tranquilos que pasa con su guitarra, Víctor sigue dedicado a mostrar a la próxima generación que vale la pena llevar una vida sobria.

Dónde Has Estado?

 Interview by Pablo Chinchilla, Jennifer Cifuentes, Joyta Biswas

¿Cuál es su ciudad natal? ¿Dónde creció?

Yo me crié en un pueblito de Hidalgo que se llama Atotonilco el Grande; nací en Pachuca, Hidalgo, pero me crié en el pueblito de Atotonilco el Grande.

¿Tiene algún pasatiempo? Si es así, ¿cuáles son?

Me gusta mucho tocar la guitarra y me gusta leer. Son mis pasatiempos cuando me siento frustrado; tocando me relajo.

Hablemos de su familia. ¿Tiene pareja, hijos?

Sí, tengo a mi esposa y anteriormente tuve otra pareja. Cuando era muy joven, yo me junté con esta persona. Procreamos un hijo, pero debido a nuestra inexperiencia, todo terminó. Tengo un hijo de 36 años y, con la actual pareja, tengo otro hijo que tiene 33.

¿Tiene mascotas?

Sí. Tenemos a Rosco. Es una cacatúa. Pepper y Bella, nuestras perritas. Tenemos un gato que se llama Michi.

¿Quién fue su modelo a seguir en su infancia?

Se puede decir que mi ídolo era mi tío. Era una persona que yo admiraba mucho. Era como mi héroe, pero también él tenía problemas de alcoholismo. Yo no miraba esa parte, sino que yo miraba que él me ponía un poquito más de atención. Fernando se llamaba.

¿Cuáles eran sus sueños o aspiraciones de niño?

Siempre soñé con ser doctor como niño. Sí, yo estudié. En mi primaria, era de esas personas que están en los grupos nada más molestando a los demás. Por consiguiente, me tuvieron que reprobar dos años. Me dolió tanto cuando me reprobaron en quinto año porque todos mis amigos se fueron de esa escuela y yo me quedé ahí. De ahí algo pasó en mí que se me despertó — como que yo ya sabía lo que me estaban enseñando. De ahí yo me prometí que jamás me iban a reprobar y jamás me reprobaron.

Yo tenía un ideal de ser un doctor. Inclusive yo terminé secundaria y preparatoria. Estuve en un propedéutico para estudiar medicina, pero tuve un gran problema porque llegó algo que siempre me robó todo en la vida: el miedo. Por el miedo, no di ese paso y porque miré la necesidad que había en mi casa, porque no había los suficientes fondos para que yo pudiera tener una carrera así.

Yo había hablado con diferentes doctores que eran mis profesores. Ellos me prestaron los libros y todo, pero siempre el miedo me invadió y yo pensaba que al final me iba a quedar a media carrera. También iba a ser sacerdote. Estuve en el seminario mucho tiempo. Yo fui monaguillo de mi iglesia por muchos años y me incliné por el sacerdocio, pero se atravesó una dama y me frustró el sacerdocio. O sea, no pude regresar al seminario.

¿Cuál era su recuerdo favorito de la infancia?

Yo viví una infancia muy bonita porque era un pueblo. Gracias a Dios que no había tecnología porque nuestros juegos eran diferentes. Era el yoyo, el trompo, el balero, el bolillo, el bote pateado, los quemados. Era una manera de interactuar con tus amigos. El fútbol en las noches en las calles. Con una lámpara andábamos siguiendo la pelota. Era algo muy bonito, fíjate. Algo en mí cuando yo entré a la primaria — porque en la primaria somos muy crueles. Cuando entré a la primaria, me remarcaron mi enfermedad física y me volví un niño muy agresivo porque la agresividad me hacía defenderme de los demás.

¿Qué hace para aliviar el estrés después de una semana difícil?

Fíjate que cuando yo estoy medio estresado, me gusta estar solo y tocar la guitarra. En la música, encuentro ese alivio. Me gusta escuchar la música clásica, pero de violín, porque el violín siento que me llega. No te puedo explicar cómo la salida de las notas altas del violín me relaja.

Como sabe, a través de este proyecto estamos entrevistando a personas con experiencia en el uso de sustancias que han pasado por el proceso de recuperación, a familiares de quienes han tenido estas experiencias y a profesionales en el campo de la recuperación para aprender de sus vivencias. Le agradecemos su valentía al abordar un tema tan difícil.

Nos gustaría comenzar esta ronda de preguntas. Usted nos platicó un poco de su relación con su padre cuando era joven. ¿Cómo se sintió al ver a su padre luchando con el uso de alcohol?

Yo vengo de una familia disfuncional, donde existió un padre que tuvo problemas de alcoholismo. Yo soy el mayor de mi familia. El primer hijo que tuvieron mis padres falleció cuando era un bebé. Después nací; yo tengo una hermana y mi hermano.

Cuando yo recuerdo, fíjate que puedo decir que, a unos tres o cuatro años empecé a ver la actitud de mi papá, que llegaba alcoholizado. Me daba mucho miedo, lo cual era una incertidumbre muy fea porque cuando en una casa existe adicción de alcohol o droga, es algo muy feo. Sientes como el aislamiento. Sientes un dolor interno que no lo puedes expresar.

No entendía qué es lo que le pasaba a mi padre; por qué era alcohólico. Tener una madre sumisa que se refugiaba en el llanto y trataba la manera de sacarnos adelante, pero yo no entendía ni sabía que el alcoholismo era una enfermedad. Desde ahí, siempre he dicho que ser hijo de un alcohólico o un adicto es como que te marcan.

Aparte del estigma del alcoholismo y de la drogadicción de la persona, yo pienso que toda la familia se afecta porque no nomás es una persona. En el caso de mi padre, no nomás fue él, sino que nos afectó a nosotros porque nos aisló. Nosotros teníamos miedo de hacer cualquier fiesta porque su alcoholismo llegaba y destruía todo. No podíamos asistir a ningún lado porque cuando él estaba alcoholizado, no nos invitaban.

¿Cómo fue que usted fue introducido al alcohol?

Fíjate que esa parte yo siempre lo he manifestado, porque cuando yo empecé lo que es la secundaria, los amigos decían: ‘Que tómate una.’ Salimos de la secundaria; ya somos grandes. No va a pasar nada. Yo era una persona muy tímida. Siempre parecía que tenía frío. Siempre estaba yo así en las esquinas. A veces la influencia de los amigos es muy grande porque internamente uno tiene temor, miedo del bueno. Ellos me decían que si yo consumo esto voy a encontrar algo grande.

Uno ya viene mal emocionalmente, psicológicamente. Porque no es agradable mirar a otro ser querido destruirse en el alcohol y tener que bloquear esa parte porque no te gusta. Entre mi padre y yo existió una rivalidad muy fuerte en casa, como yo era el grande. Cuando yo estaba grande, no dejaba que él maltratara a mi madre verbalmente. Nunca le pegó porque mi madre nunca se dejó, pero verbalmente — a mí me dolía la manera en que él le hablaba. Quería defender a mi madre, pero no podía porque era un niño.

Aparte de la burla de mis amigos en la escuela, me hacían bullying — aquí le llaman “bullying” — por mi defecto físico y tener en mi casa al alcohólico de mi padre. Era algo muy fuerte. Se creó una rivalidad muy fuerte entre mi padre y yo. Recuerdo una vez que mi madre cocinaba para nosotros y él llegaba y nos dejaba sin nada. Yo le dije ese día qué pasaba, que nosotros no habíamos comido, y se me fue encima. Estuvo a punto de golpearme con una botella de vidrio, de esas grandes. Gracias a mi hermana, que le pudo esquivar la mano, quizás estoy platicando estas cosas porque la fuerza con la que él me iba a dar me hubiera quizás quitado la vida.

Eso fue algo muy feo que yo no entendí. Yo viví cosas muy fuertes con él. Incluso un día se me fue encima y me estaba ahorcando. Esa cara jamás se me ha olvidado: mirar a la persona que te dio la vida descompuesta de una ira que no entendía por qué. Ya no podía respirar. Mi madre se le fue encima y a golpes logró que él me soltara. Si tú te pones a pensar, dijeras: “Yo jamás voy a consumir alcohol porque yo sé lo que es esto”.

Volviendo a regresar a la historia donde yo salí de la secundaria, la influencia de los amigos y todo por sentirte importante. Porque a veces eso es. El pertenecer a algo. El alcohol y la droga te lo dan momentáneamente. Lo que no te dicen es que el alcohol y la droga te van a robar todo en la vida. Te pone como una bandeja de cosas bonitas que al final te las va a quitar y se va a convertir en zozobra, en sufrimiento, en tantas cosas.

Yo bebí. Bebí y, cuando empecé a beber, sentí lo que te da el alcohol. Te desinhibes, te sientes guapo, te sientes importante. Puedes platicar, puedes hacer tantas cosas que en tus cinco sentidos no las puedes hacer. Yo dije: “Guau, ¿dónde habías estado? Yo te necesitaba tanto”. Desde la primera vez que bebí, yo terminé noqueado. Ahí empecé a beber de una manera fuerte.

Cuando yo despertaba, sentía culpa. ¿Cómo es posible que mi madre y yo vivamos los estragos del alcohol y ahora yo empiece? Me despertaba confundido, sin saber qué había hecho, golpeado, ensangrentado, con el miedo de qué hice o qué me hicieron.

Quizás por el daño emocional que yo traía, el alcohol me dio como una muleta, como un soporte para poder seguir adelante. Pero es triste porque el alcohol y la droga te roban todo en la vida. No te deja opción. Es mentira cuando uno dice: “Yo bebo y yo voy a parar”. Hay una parte que es una barrera invisible donde tú no te das cuenta. La cruzas y no hay retroceso.

Es algo muy difícil poder decir que no, porque tu cuerpo, la adicción es tan fuerte que estás dispuesto a dar hasta tu propia vida con tal de sentir eso que nos está dando el alcohol o la droga. Eso es muy fuerte. A veces, uno como joven no entiende que se está metiendo en un camino espinoso donde va a salir muy dañado y se va a llevar a toda tu familia en su caminar sobre el alcohol y la droga.

¿Cuándo fue su primera experiencia con el alcohol? ¿Estaba en un parque, escuela? ¿Estaba en una fiesta?

Yo tenía unos 15 años cuando empecé a beber. Fíjate, yo trabajaba también. Yo fui bibliotecario y cuando uno bebe, uno pierde vergüenza, pierde todo. La biblioteca en mi pueblo donde yo trabajaba en la noche se convertía en un bar con todos mis amigos, porque uno no tiene escrúpulos. Cuando bebes, no te importa.

Lo primero que yo perdí con el alcohol fue la vergüenza de quedarme tirado en la calle, fuera de una escuela. Sientes el bullicio y te das cuenta que están pasando muchos alumnos. ¿Qué haces? Me hice el dormido para no mirar eso.

Cuando empezó a tomar alcohol, ¿sus hermanos o mamá sabían?

Mis hermanos eran más pequeños que yo. Mi madre sí sabía. Yo creo que, aparte de todo, fue una de las cosas que más me hizo reaccionar: las lágrimas de mi madre. Yo preferiría que ella me pegara o que me dijera cosas, pero no verla llorar porque verla llorar era algo muy fuerte.

¿Cuáles fueron algunos de los signos o cambios que notó usted mismo que le hicieron darse cuenta de que el alcohol estaba afectando su vida?

Por ejemplo, en el daño de mi madre. Recuerdo que una vez bebí tanto que me perdí. Yo era el bibliotecario de un pueblo, pero aparte pertenecía a la presidencia municipal. En la presidencia municipal había puros borrachos, principalmente el presidente. Él, para cuidar su imagen, cuando sus trabajadores andaban alcoholizados, los mandaba a encerrar en la cárcel con los presos.

A mí me llevaron a la cárcel, pero uno de mis amigos se dio cuenta de que yo estaba mal; me estaba muriendo de una congestión alcohólica. Mandaron a traer al doctor. El doctor no me pudo revivir. Aquí hay ambulancias, allá no. Uno de mis amigos, que era el más fuerte, me llevó cargando lejos hasta el lugar donde estaba el centro de salud y ahí me lograron revivir. Ahí amanecí en un catre de un preso con suero en los dos brazos. Aparte de lo físico, el daño del alcohol y una cruda moral muy fuerte, estuve todo el día ahí en esa cárcel. Cuando pude reaccionar, llegué a mi casa. Mi madre me vio el semblante de que yo iba mal: “¿Dónde has estado? Mira cómo vienes”. Uno como adicto, alcohólico o drogadicto siempre sale a flote suego, su orgullo: “¿A mí qué me estás diciendo? Yo estoy bien”. Cuando yo le dije: “Estoy bien”, se me bajó la playera y se miraron las marcas del suero. Mi madre se puso a llorar. Otra vez. Eso era de las cosas que más me dolían en la vida: hacer sufrir a mi madre, porque es fuerte.

Fíjate que a la persona que más quieres en la vida, le haces tanto daño. Cuando uno es joven y sus padres le dicen, o sus seres queridos: ‘Mira, ten cuidado porque la droga y el alcohol, o las cosas, te pueden traer graves problemas’, pero uno no entiende. Uno es rebelde. Aparte del daño emocional que uno carga, uno cree que es el dueño del mundo y te lo vas a acabar a mordidas. Es mentira porque el alcohol y la droga es un sufrimiento en el cual, si no estás preparado, [las sustancias] te van a ganar la partida y quizás cuando tú quieras dejar de beber, va a ser muy difícil que tú puedas dejar de beber y que tú puedas dejar las drogas, porque es una adicción muy fuerte. Sin ayuda es demasiado para nosotros.

¿Cuándo se dio cuenta por primera vez de que tenía un problema con el consumo del alcohol?

Fíjate que mi papá, debido a su alcoholismo, ya no podía. Le daban ataques. Se quedaba tirado en las calles. Le daban convulsiones. Mi padre estaba a punto de perder la vida. Hay algo muy chistoso porque yo ya andaba bebiendo. Yo andaba bebiendo y le andaba buscando el remedio a mi padre. Es tanta la inconsciencia del alcohol y la droga que uno no se da cuenta de que uno está metido en esa cosa.

Yo lo llevé a una casa de rehabilitación porque yo no quería que se nos muriera mi padre, pero nunca me imaginé que en esa casa de rehabilitación había muchas experiencias de compañeros que estaban ahí internados. Ellos empezaron a hablar y yo me di cuenta. Por primera vez en mi vida, acepté que tenía que hacer algo porque ya estaba consumiendo más alcohol.

Gradualmente vas aumentando la dosis. Es mentira porque el adicto a la droga y al alcohol cree que él va a sentir lo mismo como la primera vez y no se puede. Uno va a necesitar dosis más grandes para poder siquiera volver a sentir lo que tú sentías. Ahí fue donde me di cuenta y acepté que tenía un problema llamado alcoholismo.

Si pudiera compartir un mensaje con su padre, ¿qué diría?

Fíjate que yo lo quería mucho, pero debido al alcoholismo de mi padre, algo se fracturó entre él y yo. El resentimiento y el coraje que yo le traía me hizo hacerme a un lado. Pero yo le diría que lo quiero mucho. Me hizo mucha falta y me hace mucha falta porque el alcoholismo me lo robó. El alcoholismo me quitó a mi padre y el alcoholismo me quitó a mi tío. El alcoholismo mata.

Retomando donde lo dejamos. Voy a hacerle preguntas sobre sus pensamientos respecto al uso de sustancias y la recuperación. Usted mencionó anteriormente que estaba dispuesto a ayudar a su padre a ingresar en un programa de recuperación. ¿Por qué no quiso buscar tratamiento para su propia recuperación en ese momento?

Come te dije, uno no se da cuenta que tiene una adicción. Es que cuando uno empieza a beber o empieza a usar drogas, cree que todo lo tiene bajo control; que jamás se saldrá de control.

Hay algo chusco. Fíjate, yo era músico en mi pueblo. Una vez no sonaba la bocina. Fui a destapar la bocina y encontré unos ratoncitos tiernos. Yo había escuchado que si los echas en un litro de alcohol, el alcohólico que se lo bebe le da una comezón en todo su cuerpo. Eso es mentira, pero yo lo había escuchado. Yo encontré el nido de ratones y dije: Mi papá, ¿por qué no dije yo? Si yo ya andaba mal. Pero el orgullo y la soberbia te hacen pensar que tú no tienes problemas.

Por eso es tan difícil que la persona que tiene una adicción se deje ayudar, porque él cree que todo está bajo control, que los que están mal son los que están a tu alrededor. Tú estás bien y tú tienes todo bajo control. Es imposible que tú la vayas a regar.

¿En qué tipo de programa de recuperación participó su padre?

Fue de Alcohólicos Anónimos de los Doce Pasos, pero era un internado. Llega un momento en que, para el adicto, es difícil. Él sabe internamente que necesita la ayuda, pero la rechaza a la vez porque es algo bien feo aceptar que tienes un problema. Ya sea de adicción, droga o alcohol, es doloroso en tu interno aceptar como: “¿Alcohólico, borracho? No, yo no. Yo bebo de vez en cuando”. Incluso uno es mentiroso porque si te preguntan: ‘¿Usted bebe?’, “De vez en cuando”. Cuál de vez en cuando, si seguido.

La negación de esta enfermedad está en su máximo esplendor. Jamás vas a aceptar que tú tienes un problema. Si tú no aceptas que tienes un problema, ya sea del cigarro, alcohol, droga, va a ser muy difícil que uno se pueda recuperar. En ese grupo yo escuché que yo tenía problemas con el alcohol.

¿Cómo le ayudó este programa en la recuperación de su padre?

Mi padre estuvo internado por un año. Lo que yo no me imaginé era que cada mes tenía que llevarle una despensa. Cada mes me tenía que sentar en esa silla a escuchar las experiencias de esas personas, que a mí me hacían pedazos. Yo decía: “Seguro mi padre ya vino de mentiroso a contarles lo que yo le he hecho o lo que yo hago”. Porque yo me reflejaba en las experiencias de las personas y sentía vergüenza; sentía coraje. Me agachaba porque yo estaba seguro que mi padre les había contado todo lo que yo había hecho y no. Era mentira. Simplemente era un reflejo. Yo me estaba reflejando en la persona que estaba hablando. Eso es lo que me ayudó.

¿Qué fue lo que lo motivó a comenzar su proceso de recuperación?

Lo que a mí me motivó a buscarla, como te digo, yo tocaba en un grupo. Su hermano, el mayor de ellos, había estado en este país. De este país se llevó el programa de Alcohólicos Anónimos a mi pueblo. Vieras qué revolución existió en mi pueblo porque querían quemar vivo a ese compañero, porque el alcohólico o el adicto cuando siente eso, hazte cuenta como que le enseñan la cruz al diablo, porque no acepta.

Ese compañero, cuando nosotros estábamos ensayando, nos ponía [a tocar]. En Alcohólicos Anónimos, hay un prólogo que te dice lo que es Alcohólicos Anónimos. Yo ya me lo sabía de memoria. Qué doloroso es cuando nosotros estábamos en esa mesa bebiendo y esta persona con el disco: “Alcohólicos Anónimos es una agrupación de hombres y mujeres”. Yo ya lo sabía, pero da coraje. ¿De qué me estás hablando?

Fue tanta la insistencia de esta persona que yo asistí a un grupo. Cuando yo asistí a ese grupo de Doce Pasos, todavía hasta el día de hoy me acuerdo de las experiencias de esos compañeros porque me estaban hablando en un lenguaje que yo entendía. Dije: “Me están hablando en el lenguaje que yo necesito. Esto yo lo necesito”, pero no me quedé. Yo me vine a este país. Dejé de beber. Yo dejé de beber en 1989. Llegué a este país y estuve 10 años sin grupo, sin nada, pero empecé con problemas emocionales nuevamente y otra vez aparece la insidia de querer beber alcohol. Mi esposa entró a los Neuróticos Anónimos antes que yo y fue como yo llegué a Alcohólicos Anónimos.

Ese grupo de Doce Pasos me ha ayudado demasiado y logré entender qué es el alcoholismo. Sé que es una enfermedad. No es un vicio, así como la droga. Es insidiosa y tiene fatales consecuencias porque mata. En el grupo te dicen cosas muy crudas, pero es la verdad. ¿Por qué decirme que el alcohol no es malo? El alcohol es jovial. …hay gente que sabe disfrutar una copa de alcohol y puede pasar toda la noche con un traguito de alcohol, pero uno no. Uno va a un baile y te avientas dos, tres para llegar entonado al baile porque sabes que allá está bien caro. Entonces acá afuera te surtes. El alcohólico y el adicto somos muy mañosos y es muy difícil entender que tenemos un problema.

¿Qué fue lo que le ayudó más en ese tiempo?

Entender que el alcohol y la droga es el último síntoma de males mucho más profundos. Yo ya venía dañado internamente, psicológicamente, emocionalmente. Venía muy carente del afecto de mis padres y en el alcohol encontré algo ficticio que era mi necesidad. Pude darme cuenta que el alcohol simplemente fue, como te dije, una muleta, la cual me ayudó con todos los problemas emocionales que yo traía.

Hay muchos daños. Por ejemplo, en mi caso hubo abusos de todo tipo: físicos, mentales y sexuales. Todo eso te lo callas, pero eso es como una bomba de tiempo que, conforme vas creciendo, va a estallar. Uno viene con ataques de ira. Yo traía una ira muy mala porque yo me acordaba del daño que yo había pasado de niño y eso no es agradable. Para mí, eso fue bien difícil; confrontarse consigo mismo y llegar a un lugar donde te dicen: ‘No te preocupes. No eres el único. Si yo salí y tú puedes’.

¿Cómo cambió su perspectiva después de la recuperación?

No, pues es otro mundo. Vivir la vida sin alcohol y sin drogas es algo maravilloso. Porque cuando uno bebe, si tú dices: “¿Va a haber una fiesta?”, ‘Sí’, “¿Va a haber alcohol?”, ‘No’, “¿No? Entonces no voy”.

Yo con mis amigos iba a las iglesias, pero no creas que a rezar, sino que en las iglesias ponen: “Fulano de tal se va a casar tal día”. Apuntaba. Llegábamos al pueblo y decían: “¿Y qué tienes?”, ‘Tengo unos 15 años. Tengo dos bodas’, “¿Cómo ves?”, ‘No, yo creo que aquí no va a haber chupe. Yo creo que acá sí, porque son bien borrachos. Mejor vamos a la boda’. Fíjate, ni invitado eres, pero uno se invita solo. Es que el alcohol es … la gente que no lo conoce es maravillosa; es otro mundo. Sí. Lo mismo la droga. Es algo muy difícil.

Ahora, si yo hubiera tenido este tipo de programas, te aseguro que yo no hubiera pasado lo que yo pasé. Hubiera terminado en un parque botado y sin saber dónde estaba. Tengo cicatrices en mis manos que me corté, caídas, cosas vergonzosas, cosas que has hecho en la vida que dices — por eso es que yo estoy en este grupo de pasos.

Están llegando muchos jóvenes, pero ahora el problema es mucho más grande porque ahora traen drogas sintéticas demasiado fuertes que uno ni siquiera conocía en ese tiempo. Prácticamente yo sí los felicito [a los participantes de KARS] porque son valientes de venir a este tipo de juntas, que no cualquiera. Por eso los grupos están solos. Los grupos no son para quien lo quiera, porque todo mundo lo necesita, pero nadie lo quiere.

Ahora los grupos se están quedando solos porque la droga y el alcohol nos están ganando la partida. La gente que usa drogas o que vende drogas está ocupando las redes sociales, sobre todo, para acaparar a los jóvenes, que son los más importantes. Este tipo de programa la verdad que mis respetos, porque son muy gratificantes y pueden evitar al joven muchos años de sufrimiento.

Gracias por compartir su historia. Ahora pasaremos al final de la entrevista. ¿Qué experiencias han sido las más significativas en su vida?

Ha habido de todo. De lo que yo sí estoy agradecido es que pude dejar la adicción del alcohol gracias a programas que hay gente que sí está preocupada por nosotros. La verdad es que en este país he visto cómo hay muchas agencias que se preocupan por los jóvenes. Eso para mí es muy grato. Me siento agradecido de que haya ese tipo de programas. Donde yo pueda compartir un poquito, yo lo hago.

¿Qué ha sido el momento más feliz de su vida?

Han sido muchos. Fíjate que una de las cosas más felices de mi vida fue mi infancia. Pese a todo lo que yo viví, mi infancia fue muy, muy bonita. Hay algo que conservo con mucho cariño. Fue un día que yo fui a pescar con mi padre. Fueron las únicas dos veces que salí con mi padre. Yo recuerdo esa laguna donde fuimos a pescar. Hacía mucho frío y él me cobijó. Como es tan espontáneo, como nunca lo viví, eso es algo que yo siempre guardo con mucho cariño.

¿Quién ha sido la persona más amable contigo?

Cuando yo andaba bebiendo había un compañero que me caía mal. Me daba miedo encontrarlo porque me decía: ‘¿Por qué bebes? ¿Qué problemas tienes? ¿Te quieres morir?’ Me decía unas cosas muy fuertes. Yo lo odiaba. No tenía el valor de decírselo en su cara, pero internamente yo lo hacía pedazos. Es que a una persona así, que ande bebiendo o se anda drogando, que alguien te empiece a sermonear es algo horrible y te da coraje. Pero ahora entiendo que era la única persona, aparte de mis padres, que me hacía ver que yo estaba mal. Él ya falleció y lo guardo con cariño porque fue una de las personas que fue amable conmigo en ese aspecto. Él se preocupaba por mí.

¿En qué momento de su vida se ha sentido más solo?

Durante toda mi niñez y muchas partes de mi adolescencia, yo me sentía solo. La soledad es muy fea. Hay algo muy importante. Hay un dicho que dice que la ociosidad y la soledad es el taller de Satanás. Cuando tú estás solo, cuando te sientes así que no le importas a nadie, no te preocupes por quién te va a invitar. Preocúpate por lo que tú vas a invitar o el chorrito que tú vas a invitar.

Yo muchas veces me he sentido solo y la soledad te abraza, te estruja y te hace pedazos. Puedes estar con mucha gente, pero te sientes solo. Es un vacío interno que no lo llena ni la droga ni el alcohol ni mujeres. Nada. Nada lo va a llenar porque es un vacío que te estruja, te hace pedazos.

¿Cómo le gustaría ser recordado?

Como una persona que logró salir adelante, que logró dejar el alcohol y las drogas y que me he preocupado que otras personas no pasen por lo que yo pasé, porque es algo muy doloroso y muy fuerte. Es triste que el alcohol y la droga te roben todo en la vida.

¿Tiene algún arrepentimiento? ¿Cuál es y qué haría de manera diferente?

Dentro del programa de Doce Pasos, he logrado perdonarme, porque fíjate que si tú no te perdonas, es como tú mismo estarte haciendo daño toda la vida. Yo he trabajado mucho para perdonarme. No puedo hacer nada por lo que ya hice, pero sí tratar la manera del día de hoy seguir adelante limpio. Hasta el día de hoy, por la gracia de Dios, no he bebido, no he usado drogas.

Yo a mis compañeros de grupo siempre trato de estar ahí para ellos cuando lo necesiten y decirles que hay una vida diferente sin alcohol y sin drogas. Que todo lo que el alcohol y la droga ha robado, si tú tienes la fuerza interna de decir que no, te va a traer muchos beneficios y te vas a ahorrar de 15 a muchos más años de sufrimiento. Yo los felicito a ustedes y ojalá nunca experimenten con el alcohol y las drogas porque eso mata. Se oye fuerte, pero es cierto.

Por último, ¿por qué decidió compartir su historia?

Para que ustedes vean que vivir bajo la influencia de la droga y el alcohol es mentira lo que te dicen. Es mentira lo que te da la droga momentáneamente. Cuando tú empiezas a consumir droga o alcohol, uno se siente diferente. Se siente importante, pero poco a poco van decayendo. Llega un momento en que aquel gozo, aquello que tú sentías, se convierte en sufrimiento. Te arrastra hasta lo más bajo y junto contigo se va toda tu familia. Hay que tenerle respeto al alcohol y la droga porque eso es una manera de destruirse poco a poco. Es algo muy doloroso, por lo cual no se los recomiendo a ustedes.

Antes de terminar, le quiero hacer unas preguntas a usted. ¿En qué programas participa usted en KYCC?

Yo estoy en Manos Unidas con Esperanza por la Comunidad (MUEC), pero me interesa más que nada las adicciones. Quisiera aprender más sobre las adicciones porque [los estudiantes de KARS] tienen el conocimiento, pero yo tengo la experiencia de haberlo vivido en carne propia. Entonces se hace un complemento, lo cual amplía mis conocimientos para poder ayudar a mis compañeros del grupo o la gente que veo allá afuera.

En esos programas, ¿qué rol desempeña en esta organización?

Primero fui miembro de MUEC. Ahora soy líder. Es un rol muy bonito, porque te vas desarrollando de una manera. Qué bueno que existen esos programas porque podemos alcanzar muchos, aunque sea rasguñar, en la drogadicción y el alcoholismo, pero estamos haciendo algo y me siento útil.

Muchas gracias por compartir su historia con nuestro grupo de jóvenes y también por compartir todo por lo que usted ha pasado. Usted ha platicado un poquito de por qué forma parte de KYCC y de los grupos de aquí. Si usted pudiera compartir un mensaje inspirador a los que van a leer este mensaje. De parte de la sociedad y la comunidad, ¿cómo usted cree que pudiéramos reducir el estigma, no solo del uso de alcohol, sino también de la recuperación para que seamos más compasivos con los que están teniendo esos momentos difíciles?

Pienso que podrían ser un poco más atractivos en los programas. Que los jóvenes se puedan involucrar un poco más con nosotros, porque a veces los jóvenes nos miran como que es algo aburrido. Qué bueno que ustedes son jóvenes y ustedes se identifican bien con ellos, pero, por ejemplo, cuando los jóvenes miran a un viejito como yo dicen: Ah, qué me va a dar ese viejito. Que sea algo más atractivo. Atraparlos. Así como los de la droga los atrapan, nosotros atraparlos, pero para salvarlos de lo que nosotros hemos pasado.

¿Qué podemos hacer nosotros como agencia o también como la comunidad para crear más conciencia de que existen estos programas? Especialmente los de recuperación.

Yo creo que están trabajando bien, pero pienso que deben involucrarse un poco más en las escuelas. Por ejemplo, mi nieto está en octavo grado. Ahí hay problemas de marihuana. Ahí en los baños ya fuman marihuana. Hace dos semanas hubo una intoxicación que llevaron gomitas de marihuana.

A los niños ya no hay que andarles con rodeos, porque uno a veces llega como … A veces no sé si la sociedad tiene la culpa porque pone muchos parámetros, muchas cosas, pero los que venden drogas no. Esos nos rebasan a veces. Por ejemplo, la música. Yo veo la música. Es como una apología al narco, a algo ficticio que no existe, que es mentira, pero los jóvenes creen que el Peso Pluma, esa cosa que anda ahí, es lo máximo y es un modelo a seguir. Todas esas cosas son las que nos están ganando. Entonces nosotros tenemos que ser más inteligentes.

¿Cómo atrapar a los jóvenes y quitarles al Peso Pluma de la mente? Es tan difícil a veces. Yo le digo: en los grupos nosotros ya sabemos. Los grupos se van quedando vacíos, pero en diciembre ya sabemos que en enero van a llegar muchos jóvenes con DUI que bebieron en las fiestas de Navidad y se vuelven a llenar los grupos.

Yo pienso que sí, trabajar un poco más con la comunidad para ir a las escuelas, a los colegios y decirles a los jóvenes: “Mira, hay una vida diferente sin alcohol y sin drogas. Nosotros que hemos salido de ese infierno no te recomendamos que te metas ahí porque quizás tú no salgas. Yo salí, pero no lo hagas. Hay una vida diferente sin alcohol y sin drogas. Es algo maravilloso estar tomándose un café, poder platicar con tus amigos, disfrutar sanamente. ¿Por qué hay que meterse en el alcohol y la droga?

Lo malo es que en la bola que uno anda siempre hay uno. Siempre hay uno que te va a querer inducir porque él ya está metido ahí y no se quiere ir solo al fango. Se quiere llevar a todos.

Tengo una experiencia de uno de mis muchachos. Lo llevamos al grupo. Trabajamos con él y no quiso. Hoy está en prisión y es algo triste porque ahora él está arrepentido, pero no se puede hacer nada. Él jamás creyó que el alcohol y las drogas lo iban a llevar ahí. Ahora está ahí. Yo pienso que no es justo. Yo miro a esos jóvenes. Tienen una vida por delante. ¿Por qué? ¿Por qué desperdiciarla en cosas que te van a hacer daño? Quizás a tu familia la vas a arrastrar a un mundo donde no estamos preparados para eso.